La cerveza es la tercera bebida más popular en la actualidad, superada únicamente por el agua y el té. Su historia es casi tan extensa como la de las civilizaciones humanas, y sí estás leyendo este Blog probablemente sea una de tus bebidas favoritas, pero: ¿qué sabes realmente acerca de este maravilloso elixir? En este post te dejamos 3 curiosidades y 3 mitos de la cerveza.
1. Nació en Irán hace entre 7.000 y 8.000 años
Se cree que los pueblos elamitas, sumerios y egipcios fueron los primeros elaboradores de cerveza, entre los años 10.000 y 6.000 antes de Cristo, coincidiendo con el nacimiento de la agricultura. Los restos más antiguos de producción de esta bebida se encuentran repartidos por toda el área de Egipto y Mesopotamia, lo que hoy corresponde a Oriente Medio, aunque también se han localizado en China.
Sin embargo, el hallazgo con más solera corresponde a las excavaciones de Godin Tepe, en el actual Irán, donde se encontraron restos que tienen entre 7.000 y 8.000 años. Algunos historiadores, no obstante, creen que podríamos retroceder al año 10.000 antes de Cristo para datar el nacimiento de la cerveza, que coincidiría con las primeras formulaciones de harina de cereal fermentada, entre ellas la del pan.
2. La cervecería más antigua de Europa estaría a 30 kilómetros de Barcelona.
La romanización de la península ibérica implicó entre otras muchas cosas que la bebida alcohólica preeminente en España y Portugal fuera el vino en casi toda su historia. Si bien Carlos I introdujo cierta costumbre de tomar cerveza, fue residual. Pero en realidad miles de años atrás, antes de la civilización romana, las tribus célticas habían introducido la costumbre de elaborar cerveza en la zona, hasta el punto de que los yacimientos de restos cerveceros más antiguos de Europa se encuentran en Soria y Cataluña. Concretamente el más antiguo es la cova de Sant Sadurní en Begues, una población del sur de Barcelona donde hay una cueva que se cree servía de cervecería hace unos 6.000 años.
3. Su producción generó el primer brote de anticlericalismo en Europa.
La llegada del lúpulo permitió que la elaboración de cerveza saliera de los monasterios, ya que al mejorar mucho su conservación, podía realizarse, guardarse y distribuirse con mayor alcance territorial y en condiciones menos estrictas. Esto propició la aparición de los llamados cerveceros laicos. Así, se vendían dos tipos de cerveza: la laica, elaborada en las ciudades, y la monacal, realizada en los monasterios.
Pero pronto surgieron los problemas: los monjes, al ver que uno de sus negocios más provechosos tenía tanta competencia, exigieron unas tasas más altas para la cerveza laica hecha con lúpulo alegando su estatus eclesiástico y el apoyo de Roma a la medida. Los monarcas cedieron a la presión, lo que encareció la cerveza y arruinó a muchos cerveceros. Aunque no se tiene noticia de la quema de monasterios ni conventos, sí se sabe que hubo disturbios y protestas que en muchos países solo se calmaron con la prohibición temporal de usar lúpulo.
1. Debe tomarse bien "muerta".
Claro que en días muy calurosos las cervezas se antojan muy frías, pero servirlas heladas no es una buena opción. El conflicto radica en que a bajas temperaturas los receptores de la lengua se inhiben, por lo que muchos de los sabores se neutralizan y es difícil captar la complejidad de la bebida.
Lo mejor es servir cada estilo de cerveza en su temperatura ideal.
2. Es mejor tomar una cerveza en su botella o en su lata.
Al servirla en un vaso, la cerveza perderá gas (dióxido de carbono) y hay dos grandes razones por las que esto es bueno. La primera de ellas es que evita la pesadez e hinchazón y la segunda es que al escapar el gas, los aromas de la cerveza volatilizan y es posible apreciar mejor las cualidades organolépticas. Esto no ocurre en la botella o lata, donde la boquilla es pequeña y evita la liberación de CO2. Lo ideal es servirla en un vaso adecuado para cada estilo, pero para cuestiones prácticas uno de vidrio o cristal está bien.
3. Los cambios de temperatura "queman" tú cerveza.
Esto es, en cierto sentido, falso. Durante el proceso de distribución, las cervezas pasan por varios cambios de temperatura, sin embargo, el mayor problema y lo que hace que se “quemen” es la luz.
La propiedades que otorga el lúpulo son muy delicadas a los rayos solares, por lo que se amarga ante su exposición. Por lo tanto, las botellas que se exponen directamente al sol o que tienen un mal manejo de almacén pueden presentar alteraciones en su sabor.
Lo ideal es preferir aquellas cervezas en lata o botellas verdes y ámbar que han sido almacenadas en cartón. Por supuesto, los cambios bruscos de temperatura también afectan la bebida, pero en menor medida.
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